Museos

Museo Catedralicio de Toledo

Por: Adrián Blanco Gómez.

El Museo Tesoro Catedralicio se encuentra en la Santa Iglesia Catedral Primada de la ciudad de Toledo. La iglesia, además de cumplir las funciones características como edificio religioso, también posee varias estancias consideradas museos de forma independiente, las cuales podemos clasificar en: Sacristía, Tesoro, Sala Capitular, Coro, Transparente y Custodia de Arfe.

La Sacristía es la estancia más conocida de todas. Fue construida por el arquitecto y escultor español Nicolás de Vergara el Mozo en el siglo XVI y alberga algunas de las obras más representativas de la iglesia: una de ellas es el fresco de la representación del Descendimiento de la Virgen, está pintada en la bóveda y el autor es Lucas Jordán, que se autorretrata en el fresco; otra es la famosa pintura “El Expolio” del pintor El Greco, un pedido del Cabildo de la iglesia y que se realizó en 1587. A finales del siglo XVIII a la obra se le puso un marco de ricos materiales como el mármol o el bronce, y sirvió como sustituto del marco que había hecho el propio Greco, del que solo queda un conjunto escultórico. En la Sacristía pueden verse obras de algunos de los pintores europeos más importantes de la Historia del Arte, como pueden ser Goya, Caravaggio, Tiziano o Van Dick. Pegada a la misma Sacristía está la llamada Sacristía Arzobispal, que alberga más pinturas de otros artistas como José de Ribera o Jacopo Bassano. La Sacristía Arzobispal tiene enfrente suya dos habitaciones en donde se guardan vestidos para la liturgia hechos alrededor de los siglos XV y XVII.

La estancia el Tesoro se encuentra justo debajo de la torre y se habilitó a principios del siglo XX por temas de protección durante la etapa del cardenal Sancha como dirigente arzobispal. En esta estancia se cobijan las creaciones de orfebrería que se guardaban en armarios. Encima de estos armarios están las pinturas con las que se terminarían elaborando los tapices en la Fábrica de Santa Bárbara en el siglo XVIII. La principal atracción de esta sala es la Custodia Procesional, una obra escultórica realizada por el artista Enrique de Arfe en el siglo XVI a petición del Cardenal Cisneros. La obra está realizada en oro, y se piensa que ese oro llegó procedente de América. La Custodia está hecha en tres partes y su altura es de 2,50 metros de altura, tiene un total de 5.600 piezas y posee 250 pequeñas estatuas de plata dorada.

La Sala Capitular desde una reforma se encuentra dividida en dos partes, una la misma sala capitular y otra que se llama la antesala capitular. En la sala encontramos desde pinturas de Cristo y la Virgen hasta un artesonado hecho con oro. Las pinturas son obra del pintor Juan de Borgoña y el artesonado fue diseñado por Diego López de Arenas; la antesala tiene una decoración con influencias del gótico y del árabe mudéjar y en ella se pueden ver pinturas en los muros al igual que en la anterior sala y con unos decorados inspirados en temas de vegetación, ejecutados por artistas como Luis Medina o Diego López. En la antesala se encuentra también una gran portada hecha por el escultor Copín de Holanda.

Museo de la Catedral de Toledo
Fuente: http://www.turismocastillalamancha.es/patrimonio/museo-catedralicio-8161/visita/

El Coro se divide en sillería alta y baja. La sillería alta fue creada por Alonso Berruguete y Felipe Bigarny, ocupándose cada uno de un lado de esta. Por otro lado, de la sillería baja podemos nombrar a Rodrigo Alemán como la persona que la hizo. A cada lado del coro el anteriormente mencionado Nicolás de Vergara el Viejo se ocupó de confeccionar una pareja de atriles en el siglo XVII. Una estatua de la Virgen Blanca destaca en el altar. Hablando ahora de otra estancia, la del Transparente, podemos decir que se encuentra detrás del altar mayor y que en el pasado gozó de un gran reconocimiento como obra del Barroco. El Transparente posee un retablo con una pintura de una ventana oval que da luz al Sagrario, que está rodeada por varias figuras de ángeles, y en la parte de la bóveda está pintada la Gloria. Toda la obra la hizo Narciso Tomé en el siglo XVIII.

La Custodia de Arfe recibe su nombre por el escultor y orfebre Enrique de Arfe, que hizo la obra en el siglo XVII. La obra mide un poco más de 3 metros de altura y el material principal con el que está realizada es la plata dorada. Está dividida en varias partes: el basamento, en el cual podemos disfrutar del friso en donde se representan varias figuras, como por ejemplo la de El prendimiento de Jesús, Cristo Azotado o Jesús camino del Calvario. El basamento hace soporte sobre el que se erigen seis columnas con ornamentación de varios elementos plateados. Las seis columnas quedan unidas gracias a dos arcos a seis contrafuertes. Los arcos están a distinta altura, teniendo el de abajo decoración de varias figuras de santos, como San Pedro o San Juan Evangelista, y el de arriba cuenta con tornapuntas con adornos de hojas. A los arcos se les remata con pequeñas estatuas de más santos, por ejemplo la de San Cristóbal o la de San Jorge.

Fuente:
Catedralprimada.es. http://www.catedralprimada.es/museos_informacion/, 26-02-2017/02-03-2017.

 

Obras

La segunda fachada de la Catedral de Cuenca

Por: Macarena Cerros López

La Catedral de Cuenca ha sufrido varios cambios hasta tener la apariencia que se puede disfrutar hoy en día. A continuación, hablaremos de su fachada –concretamente, la que poseía entre los siglos XVIII y XIX– y explicaremos los cambios que ha sufrido y sus razones.

En primer lugar, hay que saber que la primera fachada, o fachada primitiva, era de estilo gótico y fue terminada a mediados del siglo XIII; lo que es sabido gracias a la multitud de elementos que se aprovecharon de esta para la decoración de la fachada que le sucedió. También, se conoce gracias a que aparece su portada en un cuadro del pintor conquense Bartolomé Matarana.

En 1719 y por decisión del Cabildo de la Catedral, comenzaron los procedimientos para el cambio de la fachada, alegando que “no era muy prometedor el estado de la fachada” a pesar de sus restauraciones. En 1723 se produjo la demolición de la nueva fachada porque el año anterior se denunció que, la obra que se estaba llevando a cabo por Juan Pérez, estaba desplomada y fuera de nivel, lo que no aportaba garantías de solidez. Inmediatamente, se comenzó la nueva obra a manos de Luis de Arteaga (fue su obra más importante), teniendo prevista su finalización para finales de 1725 o principios de 1726, por lo que se trabajó intensamente durante 1723 y el año que le seguía. Pero, en julio de 1725, hubo un incendio por el que se quemó el capitel que había encima de la capilla de San Miguel. Debido a esto, no se ha podido determinar si –en ese momento– ya se había terminado la obra o si se trataba de uno de los capiteles que se pensaba respetar de la fachada anterior.

Cuadro de  Bartolomé Matarana
Fuente: http://photoinvestigacionchema.blogspot.com.es/2014_10_01_archive.html

 

Esta fachada responde al gusto barroco de la época y conserva la torre del Gallo y la torre de la Saeta –de la fachada primitiva– pero con sus capiteles empequeñecidos y achatados. La parte central estaba compuesta por dos cuerpos horizontales, culminados por un ático sobre el que se erigía una imagen en piedra de San Julián de carácter monumental. El segundo cuerpo se adornó con un gran rosetón bajo un arco de ojiva. El cuerpo bajo lo ocupaba la doble puerta de la entrada principal, que fue completada con un arco de medio punto y sus correspondientes arquivoltas. En el mainel de las puertas se colocaron una gran talla en piedra de la Virgen del Perdón y una imagen de

Cristo Resucitado. Encima de la cornisa de separación de los cuerpos había balcones corridos, ventanales formados por pilastras y arcos adintelados, hornacinas con sus santos bajo doseletes góticos, y una gran gama de pináculos en la terminación de la fachada y sobre su ático, principalmente.

Para concluir, hay que decir que, esta fachada estuvo en pie hasta 1910 puesto que, se solicitó su demolición con motivo de estado ruinoso un año después de haber declarado Monumento Nacional a la Catedral en 1902.

 

Fuentes:
BERMEJO DÍEZ, Jesús (1977): La Catedral de Cuenca. Ed. Triangle, Caja de Ahorros Provincial de Cuenca, Cuenca. 409 p.
http://www.elblogdecuencavila.com/?p=10757 – Blog personal de José Vicente Ávila,  periodista conquense (consulta 08/04/17)

 

Obras

Transparente de la catedral de Toledo.

Por: Jorge Martínez Fernández

 

Esta obra es una de las cuales debido a su complejidad y pleno desarrollo del barroco integra todas las artes de escultura, arquitectura y pintura. Fue realizado durante el episcopado de Don Diego de Astorga y Céspedes que costearon la obra y sus restos descansan a los pies de la obra. El trabajo fue realizado por Narciso Tomé, un proyecto que él mismo elaboró y desarrollo entre los años 1720 y 1732.

Esta inmensa obra fue realizada para decorar un óculo que hay situado tras el sagrario del altar mayor. La intención del barroco era jugar con la luz y poder crear con ella increíbles efectos teatrales y sensaciones dramáticas que lleguen a impresionar al espectador, por lo que la obra se concibió como un gran retablo que decora esa ventana. Está situado en el trasaltar mayor justo en la girola donde se abren las capillas del deambulatorio, coincidiendo justo en el centro donde se encuentra el sagrario, cubre el espacio o capilla que hay entre el retablo y el sagrario. Se emplearon los más exquisitos y lujosos materiales, ya que a diferencia de otros sitios y de que España esté en una época de crisis, nos encontramos en la catedral prima de España y una de las más ejemplares de la cristiandad, por lo que se desarrollan unos trabajos muy laboriosos en mármoles, bronces y ricas pinturas.

 

Transparente de la Catedral
Fuente: http://educacion.ufm.edu/narciso-tome-el-transparente-de-la-catedral-de-toledo-altar-1729-1732/

Está concebido como un altar y un retablo de forma cóncava que contrasta con la forma convexa de la girola es decir pretende jugar con las curvas propio del barroco. Se divide en tres alturas, la primera está compuesta por una predela en la que está la mesa de altar y en la que se encuentra en la parte central la blanquísima talla en el exquisito mármol de carrara la virgen de la leche, situada en majestad con el niño, enmarcad en dos columnas sostenida por ángeles atlantes, el reto del primer cuerpo se enmarca por otras dos columnas de mayor tamaño que sostienen el entablamento curvo de la obra, a ambos lados de la virgen entre los espacios de las columnas que enmarcan a la virgen y las que cierran el retablo se encuentran bajo relieves de la eucaristía con David como protagonista ofreciendo el pan y el vino.

El segundo cuerpo parte del entablamento y es donde se encuentra la joya de la corona, el ventanal, de la cual brotan profundos rayos dorados de bronce como un estallido de luz y a todo su alrededor está rodeado de los cuatro arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel, y a ellos se les une todo un ejército de ángeles y nubes que envuelven todo el ventanal con múltiples formas, posturas complicadísimas, escorzos y formas serpenteantes creando es su conjunto un gran movimiento y apoteosis para la vista del espectador, reflejando el ideal del barroco. Se enmarca con otras dos columnas que parten del entablamento inferior con las esculturas de querubines como remate de las intersecciones de las columnas y todas ellas con unos acabados de finísimos encajes y modelados.

En un tercer cuerpo se encuentra otra escena de la eucaristía, un conjunto escultórico de la ultima cena a tamo natural y se corona con un frontón partido en el que se encuentran como el remate final en la parte más alta tres esculturas que personifican la imagen de la FE, la Esperanza y la Caridad poniendo el broche final a este magnífico trabajo de Narciso Tomé, que realza y dedica esta obra a la consagración de la eucaristía.

Pero esto aún no acaba aquí, para poder iluminar desde la trasera del altar al sagrario, y poder entrar la luz a través de esa ventana hubo que abrir un gran ventanal a modo de óculo en el techo de la bóveda debido a que la arquitectura gótica que se desarrolla en la catedral nos permite poder abrir un hueco en la bóveda sin que se derrumbe.

Por lo tanto no es solo el frondoso retablo lo único digno de admirar si el gran ventanal que se abre en todo lo alto de la bóveda que traspasa al exterior y refleja todo el esplendor de una escenografía celestial de perfecta armonía en la cual se exhiben unos frescos que de nuevo hace alusión a la eucaristía.

A todo alrededor enmarcando en ventanal los profetas portando pergaminos en bronce con pasajes de la biblia, los ancianos del apocalipsis y toda una composición celestial creando simulando un gran rompimiento de gloria con todas las múltiples figuras de santos y ángeles que penden desde arriba y con un éxtasis de movimiento que avanzan y retroceden simulando ese gran gloria del mundo celeste abriéndose ante nuestros ojos en ese grandioso óculo por el que toda luz natural se derrama por el vitral y tiñe desde lo alto colmando de la luz celestial al óculo del retablo creando ese espectáculo mágico de luces en el trasaltar de la catedral. Configurando una de las mayores joyas de la catedral y posicionando a esta por encima de muchas otras catedrales españolas y reafirmando la fuerza del barroco y lo que Narciso Tomé llego a realizar en el esplendor del arte barroco.

Fuentes:
http://educacion.ufm.edu/narciso-tome-el-transparente-de-la-catedral-de-toledo-altar-1729-1732/
http://www.catedralprimada.es/corpus_transparente/
http://arte.laguia2000.com

 

Obras

Altar Mayor de la Catedral de Cuenca

Por: Macarena Cerros López

La Capilla Mayor sufrió tres grandes transformaciones antes de quedar en el estado en que se encuentra actualmente. Existen pocos datos sobre la estructura que poseía inicialmente la Capilla pero se sabe que, en la primera gran transformación, en torno a la segunda mitad del siglo XV, se realizó la doble girola; en la segunda gran transformación, a finales del siglo XVI, se coloca el Coro en el centro de la Catedral, extrayéndolo del Altar, donde se encontraba desde sus inicios. En la última gran transformación del siglo XVIII, se trasladó el retablo al Convento de San Pablo porque se pensaba construir uno nuevo: el que se puede apreciar hoy en día junto con el resto de transformaciones.

La obra se puso en manos del Maestro de las obras del rey: don Ventura Rodríguez, que envió cuatro dibujos en los que se detallaba el proceso de obra (planta de la Capilla, elevación del Altar Mayor con la ornamentación del Presbiterio, elevación de la Capilla y el Altar de San Julián, y un perfil del costado de las obras.

No hay constancia de la fecha exacta en la que se iniciaron las obras del Altar Mayor, pero por los datos anteriores se cree que fue en torno a 1754.

La Capilla se compone de una armónica combinación de arquitectura gótica del siglo XIII, arcos laterales del siglo XV, reja plateresca del siglo XVI, y el resto de elementos del neoclásico del siglo XVIII. El retablo, diseñado por don Ventura, posee gran monumentalidad y está fabricado en mármoles procedentes de canteras de la provincia de la Catedral.

El Altar Mayor consta de un cuerpo principal formado por cuatro grandes columnas de orden corintio, con basas, capiteles, y otros adornos de bronce sobredorado, ejecutados por los artistas Pedro Martinengo, Pedro Lázaro y Pedro Berda.

Altar Mayor de la Catedral de Cuenca
Fuente: http://cvc.cervantes.es/artes/ciudades_patrimonio/cuenca/paseo/acc-catedral.htm

También consta de un ático, construido con la misma clase de mármol que el cuerpo principal, con carácter monumental y severo que se corresponde con el resto de la obra del Altar.

Según las imposiciones de don Ventura, en la Capilla debían aparecer las siguientes esculturas: una imagen de la Natividad de Nuestra Señora; dos estatuas de cuerpo entero de San Joaquín y Santa Ana, de gran monumentalidad; dos ángeles en forma de adorar sobre las volutas o frontis; y dos ángeles sobre el segundo cuerpo que sostengan el jarrón o remate.

Todo esto, se lleva a cabo a la perfección hasta el más mínimo detalle. La medalla central donde se halla la Natividad, está trabajada en alto relieve. Todo está realizado en Génova por el artista italiano Bociardi, y su material es mármol blanco de Carraca con transparencias de alabastro.

Como complemento a la decoración de la Capilla Mayor, las cuatro medallas de estuco situadas dos a cada lado, representan escenas de la vida de la Virgen. Otros cuatro medallones encima de los anteriores, representan a los cuatro evangelistas. Estos estucos, diseñados una vez más por don Ventura Rodríguez, son ejecutados por

Pedro Ravaglio y Juan Bautista Cremona. Las dos rejas laterales que cierran los arcos del Presbiterio, se realizaron durante el pontificado de don José Flórez Osorio, y fueron trabajadas por don Rafael Améznaen 1740. Tienen monumentalidad y gracia dentro del barroco con algo de tendencia rococó.

Monumentalidad y belleza son los atributos que más caracterizan a la reja central. En ella, el hierro parece haberse convertido en cera para aportar la elegancia sutil de sus cenefas caladas y la gracia alada de su crestería; todo trabajado a doble haz para que se pueda ver por ambos lados. Combina el estilo gótico con el plateresco al que evolucionó su autor, el Maestro Juan Francés. Esto la convierte en una de las obras más preciosistas y esplendorosas del plateresco español.

Consta de dos cuerpos transversales más la bella y monumental crestería con la que se corona. Se considera que está dividida en tres secciones verticales separadas por pilastras de ornamentación y capiteles renacentistas, entre las que se reparten los 56 barrotes retorcidos que la componen. Finalmente, mencionar que bajo el pavimento de esta Capilla, se hallan dos enterramientos con los cuerpos de diversos obispos.

 

Fuentes:
BERMEJO DÍEZ, JESÚS: La Catedral de Cuenca. Barcelona: Caja de Ahorros Provincial de Cuenca, 1976.
Obras

Retablo de la Catedral de Ciudad Real

Por: Irene Parra Gómez

 Hoy hablaremos del retablo de la Catedral de Ciudad Real, que fue reconocido como Monumento Nacional debido a que destaca como obra de arte no solo en el conjunto arquitectónico, sino también en la totalidad del arte español gracias a su belleza y a su importancia. Está siendo actualmente restaurado por el Instituto Nacional de Restauración del Ministerio de Cultura debido a que se produjeron importantes daños en 1936 y el paso del tiempo a lo largo de cuatro siglos ha logrado deteriorarlo notoriamente.

A principios del siglo XVII, en 1606, el ciudarrealeño Juan de Villaseca, que era el secretario del virrey de México de la época y que vivía en Méjico, decidió encargar desde allí que se realizara un retablo para la Virgen del Prado, empleando para ello parte de sus propios fondos porque era una virgen a la que él procesaba una gran devoción. Su petición llegó a Antonio de Rojas, que sería quien se encargaría de efectuar los preparativos y de organizar el proceso para que pudiera llevarse a cabo la realización del retablo, que comenzó oficialmente en 1610. En 1612 se contrató al equipo que crearía esta obra de arte: el escultor Giraldo de Merlo, que seguiría el proyecto marcado por el tracista Andrés de la Concha; los pintores y hermanos Juan y Critóbal Hasten, además de Pedro Ruiz Elvira, que ejecutarían la pintura (como era de esperar) pero también el estofado. Se decidió emplear maderas que provenían de la sierra de Reillo, situada en la provincia de cuenca. Este equipo trabajó durante cuatro años hasta acabarlo, concluyendo las obras en 1616. Respecto a la composición del retablo, podemos decir que está compuesto por la predela, tres cuerpos y finalmente un coronamiento en la parte superior; si lo leemos verticalmente, podemos dividir en él tres calles con intercolumnios dobles. Los cuerpos están separados por los intercolumnios, donde se da una alternancia de órdenes (se emplean el dórico, el jónico y el corintio, además del compuesto en el coronamiento). En cuanto al programa iconográfico que siguieron los artistas, los temas y su planteamiento son marianos en su plenitud, por los relieves y las figuras de los santos situados en las hornacinas; queda presidido por una imagen de la virgen del Prado por la inclinación que sentía Juan de Villaseca y que ya mencionamos con anterioridad. Cada cuerpo está dividido en siete calles que forman, generalmente, una alternancia entre representaciones e imágenes de santos y escenas que se describen en la Biblia. Además, se genera un paralelismo y una conexión entre la Virgen y el Cristo, dado que ambas figuras se sitúan en el centro del retablo, aunque a diferentes alturas. Comenzaremos a describir la obra en sentido ascendente.

La predela es la parte más baja del retablo. Los relieves frontales de esta representan escenas que siguen la temática de la Pasión de Cristo; son seis en total, repartiéndose tres a cada lado porque están separadas por una hornacina sobre la que vemos actualmente un escudo. Las escenas, ordenadas de izquierda a derecha, son: en primer lugar, la oración del huerto; segundo, Jesús ante el sanedrín; tercero, la flagelación; cuarto, la coronación de espinas; quinto, el encuentro de Jesús con su Madre y en último y sexto lugar, la piedad. Están realizadas en tablas, flanqueadas por pequeñas figuras también talladas en medio relieve que representan a Santa Ana, San Lorenzo, San Esteban, La Magdalena, San Sebastián, San Nicolás de Bari, San Roque y San Blas. Las escenas en todo el retablo quedan enmarcadas por marcos dorados que siguen la estética barroca del siglo XVII y que servirían para recoger la luz que hubiera en el interior de la catedral, iluminar las obras y mejorar así la percepción del fiel de ellas.

Vista General del Retablo
Fuente: http://www.ciudadreal.es/turismo/qu%C3%A9-ver-en-ciudad-real/catedral-nuestra-se%C3%B1ora-del-prado.html

En el primer cuerpo encontramos, en orden de izquierda a derecha, al apóstol Santiago, la escena de la anunciación, al apóstol San Pedro, la visitación y al apóstol San Andrés. Mientras que los apóstoles, realizados con bulto redondo y talla exenta, son de menor tamaño que las escenas, estas se realizaron como altorrelieve pero son de mayor tamaño. Encajadas en un marco cuadrado de mucho menor tamaño encontramos encima de cada uno de los apóstoles imágenes de San Agustín, San Gregorio, San Jerónimo y San Ambrosio, los padres de la Iglesia Latina. Separando el primer y el segundo cuerpo nos encontramos con una moldura dorada barroca, que sirve también para marcar el nuevo uso del orden jónico en vez del dórico empleado anteriormente. Los órdenes se siguen con fidelidad, respetándose las estrías (vivas en el dórico y más suaves en el jónico), el grosor menor de las columnas jónicas frente a las dóricas, las distintas molduras, etcétera; lo único diferente respecto a la antigüedad es el tono dorado que las recubre.

En el segundo cuerpo encontramos al apóstol San Felipe, una representación de la adoración de los pastores, a San José, el trono de la Santísima Virgen del Prado (que está en el centro del retablo por ser la patrona de Ciudad Real), a San Juan Bautista, la adoración de los reyes y en último lugar a San Bartolomé apóstol. En la parte superior del cuerpo, encima de ellos, se hallan las antiguas mártires: Santa Catalina, Santa Bárbara, Santa Inés y Santa Lucía, a las que reconocemos por portar cada una de ellas sus elementos iconográficos correspondientes (por ejemplo, Santa Catalina porta una rueda dentada, mientras que Santa Inés aparece con un pequeño cordero. Ocurriría lo mismo en los casos anteriores de los santos del primer cuerpo); sin embargo, la Virgen aparece coronada por pequeñas cabezas de querubines. No obstante, las imágenes que vemos con talla exenta de estos cuerpos son obra de Rausell Montaña y Llorens Ferrer, dado que las originales se destruyeron en 1936 por la guerra y se tuvo que ocupar su lugar.

El tercer cuerpo es el de orden corintio y está formado por la misma alternancia que venimos observando: una imagen del apóstol Santo Tomás, la escena de la presentación de Jesús, el apóstol San Judas Tadeo, la coronación de la Virgen, el apóstol San Simón, la imposición de la casulla a San Ildefonso y Santiago, el menor (alternancia de santos y escenas). Sobre los apóstoles se encuentran imágenes más pequeñas y cuadradas de los fundadores de algunas órdenes religiosas: San Benito, que fundó la orden benedictina en el año 529; San Bernardo, que colaboró activamente en la formación de la Orden del Císter (a comienzos del siglo XII); San Francisco de Asís, que fundó la orden franciscana, y finalmente Santo Domingo, fundador de los dominicos.

Podemos hablar de un cuarto y último cuerpo, que sería el contenido por el orden compuesto, pero a este le faltan dos imágenes (de la Virgen y de San Juan, que fueron destruidas también en 1936) y el Cristo que corona el retablo no es tampoco original, porque se destruyó en el mismo año y fue creado posteriormente por García Coronado. Es en este cuarto cuerpo donde se sitúa el Calvario. A ambos lados de Cristo se dan dos escudos: el primero, a la izquierda, muestra a San Miguel con la Prudencia y la Justicia, las virtudes cardinales; a la derecha queda el ángel custodio de Ciudad Real, acompañado de las virtudes cardinales de la Fortaleza y la Templanza. Sobre el Calvario se encuentra el Padre Eterno, y a cada uno de sus lados, las virtudes teologales de la Fe y la Esperanza. La composición la remata la virtud Caridad, situada en la parte más alta del retablo. Lamentablemente, faltarían las imágenes de los Evangelistas, que también fueron destruidas en 1936.

Museos, Obras

La Custodia de Arfe

Por: Jorge Martínez Fernández

 

La custodia de Arfe recibe su nombre debido al autor de la obra, realizada por Enrique de Arfe. Se conoce que es un orfebre de origen Alemán. La obra fue realizada entre 1515 y 1523. Fue encargada por el entonces cardenal de la catedral de Toledo, el cardenal Cisneros. Se conoce como una de las mayores joyas de toda la cristiandad.

Este pretendía realzar la ya existente custodia gótica, que mando realizar la reina Isabel la católica con el primer oro que trajo Cristóbal Colon de América. Se trata de un ostensorio o más conocido como una custodia de mano, que guarda el cuerpo del santísimo, realizado en 17 kilos de oro, adornado por múltiples joyas con piedras preciosas como perlas, esmeraldas y granates. El mástil tiene un nudo en forma de templete con múltiples estatuillas de bulto redondo realizadas en plata de santos y de la virgen. La obra se remata con una cruz de diamantes engarzados.

Esta joya fue comprada por el cardenal Cisneros para la catedral de Toledo y aun no pareciéndole esta obra gran cosa, decidió encargar bocetos a Diego Copín de Holanda, Juan de Borgoña y Enrique de Arfe, siendo este último el elegido por el cardenal, para engrandecer la ya existente custodia de la reina Isabel con el propósito de tener una custodia más enriquecida y grandiosa para poder lucir de forma más ostentosa en procesiones del Corpus Christi.

 

La Custodia de Arfe
Fuente: https://www.leyendasdetoledo.com/index.php/historia-toledana/168-la-custodia-catedralicia.HTML

La custodia de Enrique de Arfe, mide unos 3 metros aproximadamente, y está realizada en plata sobre dorada, debido a que en un principio se realizó con 183 kilos de plata y posterior mente se sobre dora para igualar al ostensorio de la reina Isabel. Tiene la apariencia de una gran torre gótica. Esta dividida en tres cuerpos y presenta una planta de forma poligonal, concretamente hexagonal. El basamento destaca por tener un friso con escenas de la pasión de cristo en bajo relieve y las imágenes de los profetas.

La custodia arranca a partir de seis pilares robustos, fasciculados con columnillas adosadas y que posterior mente sujetaran los nervios de la bóveda que cierra el primer cuerpo. Estos pilares tienen doseletes entre las columnillas que guardan numerosas estatuillas de santos. Están decorados por numerosas tracerías y coronados y rematados por pináculos, tiene una fuerte inspiración gótica. De estos pilares arrancan contrafuertes con dos arbotantes cada uno de tracería calada y de cresterías con ornamentos vegetales y se coronan con estatuillas exentas de plata. Estos arbotantes se unen a una ménsula con adornos de filigranas y relieves de grutescos y está decorada por estatuillas como la de San Pedro y San Miguel Arcángel.

 

 

En este primer cuerpo es donde se alberga el ostensorio de la reina Isabel, es decir la primitiva custodia que compro a la reina el cardenal Cisneros ya descrita anteriormente. Este cuerpo se cierra como ya he dicho por una bóveda, la bóveda es de crucería estrellada que sostienen los pilares fasciculados. Las bóvedas están enriquecidas de terceletes y nervios con rosetones y decorada por querubines de marfil que penden de esta y que sostienen campanillas. La bóveda presenta en la clave caprichosos zafiros y pedrerías.

El siguiente cuerpo se separa por una serie de arcos lobulados con cresterías y balaustradas rematadas de esculturillas de ángeles que penden de la base del segundo cuerpo con símbolos de la pasión. Este segundo cuerpo tiene forma como de una corona y presenta relieves de los cuatro evangelistas. En el interior bajo un arco exento guarda la figura policromada en bulto redondo de un cristo resucitado y está flanqueada por ángeles músicos.

En el tercer cuerpo sigue un orden similar al anterior con arcos lobulados, cresterías y cabezas de querubines que adornan la base, pero de menor tamaño que el cuerpo anterior. Acoge una figura flanqueada en su interior del niño Jesús bendiciendo desde allí arriba.

Por último el remate de la cubierta se ve con una forma piramidal en la cual pende de su interior una campanilla a modo de aviso de la llega del santísimo que repica al movimiento de andar. Y ya como colofón final se coloca la joya de esta obra, un ornamento del cual se alza una majestuosa cruz de plata dorada, sobre una peana recubierta de pedrerías y enriquecida de caprichosas perlas y esmeraldas.

Durante el siglo XVIII Luis de Borbón al igual que el cardenal Cisneros, no le parecía aun lo bastante grandiosa por lo que decidió construir una peana sobre la que descansaría el santísimo. Se compone de cuatro ángeles atlantes que sostienen la peana sobre la que se alza la custodia realizados en plata y bronce sobre dorado. Y de este modo la custodia se ve más realzada y vistosa visualmente.

Actualmente se guarda en la sala del Tesoro de la Catedral de Toledo.

Fuentes:
http://www.architoledo.org/Corpus/Custodia.htm
Santa Iglesia Catedral Primada Toledo. 2010-2017.
Obras

El Expolio del Greco

Por: Irene Parra Gómez

El Expolio, el cuadro del que vamos a hablar, lo hizo El Greco, el famoso pintor griego que tantas obras maestras dejó tras de sí en nuestro país. Nació en Creta, donde aprendió las bases que le servirían para afianzarse como maestro pintor, y ya desde joven destacó en su tierra natal por estar en contra de los rasgos estilísticos de la maniera greca. Después de abandonar Grecia, adoptó en Venecia una serie de rasgos renacentistas y manieristas que lo alejaron de otros artistas coetáneos de su tierra, y poco a poco su pintura se acercó a lo occidental: se convirtió en un pintor del Renacimiento, dejando atrás su etapa postbizantina. Sería ya en España que su estilo ganaría las características que convierten al Greco en un pintor único, cuando persiguió alejarse del estilo renacentista en busca de que no se confundiera su arte con el de artistas como Tiziano, su maestro. Conforme avanzó la carrera del pintor griego en España, se acentuaron el alargamiento de los cuerpos, la reducción de los elementos ambientales y la profundidad. Es por esto por lo que se le considera un artista muy importante en la actualidad: se considera que él fue el primero en presentar rasgos antinaturalistas y subjetivos, desentonando en su época y adoptando rasgos más abstractos e intelectuales, cosa que le permitió dar una versión personal de las escenas religiosas que retrataba. Ocurre así, por ejemplo, con El Expolio, una de sus obras más importantes. Esta se encuentra conservado en la sacristía de la catedral de Toledo, y está firmado por el propio autor en caracteres griegos minúsculos. Es un cuadro que encargó el cabildo de la catedral, y tal vez tuviera que ver en esto don Diego de Castilla, su deán. Se realizó el encargo el 2 de julio de 1566 y se terminó en el año 1579.

El tema, perteneciente a los evangelios apócrifos, no es de los más comunes dentro de las imágenes cristianas, pero aparece entre los siglos XIII y el XV: nos muestra el momento inicial de la Pasión de Cristo, en la que se le quitan sus ropas. Se distingue perfectamente la figura de Jesús del resto de personajes del cuadro gracias al traje de color rojo vivo con el que se le ha representado, símbolo de la pasión, y a que parece estar en un plano psicológico diferente si se le compara con otros hombres de la composición: aparece mirando al cielo con un gesto sereno, y parece abrirse un halo de luz en la parte superior del lienzo, por lo que podemos intuir que se conecta directamente con Dios a la figura de Cristo. A Cristo le rodean muchos personajes que han sido pintados con colores más sucios y oscuros, casi pretendiéndose un contraste entre el éxtasis religioso de Jesús y la crudeza de su entorno.

En la parte inferior podemos distinguir a la Virgen, a María Cleofás y a la Magdalena, además de un hombre que está preparando la cruz para la crucifixión. Encima, en la parte superior, un montón de extremos de lanzas y armas contienen el desarrollo de la escena y que la conectan con la actualidad. Sin embargo, después de que el Greco terminara de pintar el cuadro, el cabildo y el deán se quejaron de que la abundancia de figuras restaba importancia a Cristo, a pesar de haber situado el pintor a este el centro de la composición con unos colores mucho más llamativos. Se quejaron también de que el episodio que el Greco había querido representar no se encontraba entre las descritas en los evangelios canónicos, dado que el Expolio de Cristo aparece tan solo en el evangelio apócrifo de Nicodemo. Se perseguía que las escenas de los cuadros fueran partes conocidas de la historia del cristianismo para que así los fieles, al entrar a la iglesia y contemplarlos, aprendieran sobre su religión y, por medio del reconocimiento de ciertos símbolos y factores, se reafirmaran sobre su fe. Esto era más complicado si la iconografía empleada por el Greco era más rebuscada. Las fuentes en las que se había basado el pintor eran, además del tema del Expolio de Nicodemo, algunos textos que se atribuían a san Buenaventura, algunos episodios sacros y las Meditationes de Passione Jesu. Por todo esto, la Iglesia se negó a pagar al Greco, algo que ocurría a menudo con el pintor por lo conflictivo de su estilo y sus elecciones, por lo que este llevó el asunto a juicio. Es gracias al problema que disponemos de tantos datos sobre el cuadro. Este fue el primer problema que tuvo el pintor en Toledo

Un detalle importante que veremos repetido en otras obras del Greco, como en El caballero con la mano en el pecho, es la aparición de un gesto de la mano que simbolizaría alguna especie de juramento realizado en la época y que aportaría nobleza al retrato. Con todo, es una de las obras del Greco más importantes, considerada por muchos la más expresiva o el punto más alto de su carrera, y de ella se han hecho diversas copias a lo largo de la historia, si bien ninguna ha alcanzado la genialidad del artista original.

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El Expolio del Greco (1577-1579)
Fuente: http://ciudaddelastresculturastoledo.blogspot.com.es/2014/01/el-expolio-de-el-greco.html